Las siete últimas plagas y los justos


El comienzo del tiempo de angustia

Cuando Cristo acabe su obra mediadora en favor del hombre, entonces empezará ese tiempo de aflicción [la angustia de Jacob; Jer. 30:5-7]. Entonces la suerte de cada alma habrá sido decidida, y ya no habrá sangre expiatoria para limpiarnos del pecado.

Terrible, más allá de toda comprensión

El “tiempo de angustia, cual nunca fue después que hubo gente” (Dan. 12:1) se iniciará pronto; y para entonces necesitaremos tener una experiencia que hoy por hoy no poseemos y que muchos no pueden lograr debido a su indolencia.

Cuando Jesús salga del Lugar Santísimo, su Espíritu refrenador se retirará de los gobernantes y del pueblo. Estos quedarán bajo el dominio de los ángeles malos. Entonces, por consejo y dirección de Satanás, se harán leyes tales que, a menos que el tiempo sea muy corto, no se salvará ninguna carne.

Muchos serán llamados al descanso antes del tiempo de angustia

No es siempre seguro pedir por sanamiento incondicional... Él sabe si las personas por quienes se ora podrán soportar las aflicciones y las pruebas que les sobrevendrán si sobreviven. Él conoce el fin desde el principio. Muchos serán llamados al sueño de la muerte antes de que las terribles pruebas del tiempo de angustia vengan sobre nuestro mundo.

El objetivo de Satanás

La iglesia remanente será llevada a una gran prueba y angustia. Los que obedecen los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús experimentarán la ira del dragón y de sus huestes. Satanás considera que los habitantes del mundo son sus súbditos. Ha obtenido el control de las iglesias apóstatas; pero hay un pequeño grupo que resiste su supremacía. Si pudiera borrarlos de la Tierra, su triunfo sería completo. Así como influyó sobre las naciones paganas para destruir a Israel, así también en el futuro cercano incitará a los poderes malvados de la Tierra para destruir al pueblo de Dios.

Argumentos usados contra el pueblo de Dios

Desde los púlpitos de las iglesias populares se oirá la declaración de que el mundo está siendo castigado debido a que el domingo no es honrado como debería serlo.
Se demandará con insistencia que no se tolere a los pocos que se oponen a una institución de la iglesia y a una ley del Estado; pues vale más que esos pocos sufran, y no que naciones enteras sean precipitadas a la confusión y la anarquía.

El decreto de muerte

El tiempo de angustia está por llegar para el pueblo de Dios. Será entonces cuando se promulgará el decreto prohibiendo comprar o vender a los que guardan el sábado del Señor, y que los amenazará con castigos, y aun la muerte, si no observan el primer día de la semana como día de reposo.
La ira del hombre se despertará en forma especial contra quienes santifican el sábado del cuarto Mandamiento; y al fin un decreto universal los denunciará como merecedores de muerte.

El remanente hace de Dios su defensa

Este pequeño remanente, incapaz de defenderse en el mortífero conflicto contra las potestades de la Tierra mandadas por la hueste del dragón, hace de Dios su defensa. Ha sido promulgado por la más alta autoridad terrestre el decreto de que adoren a la bestia y reciban su marca, bajo pena de persecución y muerte. ¡Dios ayude entonces a su pueblo! Porque ¿qué podría hacer sin su ayuda en un conflicto tan terrible?

La huida del pueblo de Dios

Pero nadie puede atravesar el cordón de los poderosos guardianes colocados en torno de cada fiel. Algunos son atacados al huir de las ciudades y las villas. Pero las espadas levantadas contra ellos se quiebran y caen como si fueran de paja. Otros son defendidos por ángeles en forma de guerreros.
Los hijos de Dios no estarán todos en un mismo lugar en ese tiempo. Estarán en diferentes grupos y en todas partes de la Tierra; y serán puestos a prueba individualmente y no por grupos. Cada uno deberá soportar la prueba por sí mismo.

Los justos no tienen culpas escondidas que revelar

En el tiempo de angustia, si el pueblo de Dios conservare pecados aún inconfesos cuando lo atormenten el temor y la angustia, sería aniquilado; la desesperación acabaría con su fe y no podría tener confianza para rogar a Dios que lo librase. Pero, por muy profundo que sea el sentimiento que tiene de su indignidad, no tiene culpas escondidas que revelar. Sus pecados han sido examinados y borrados en el Juicio; y no puede recordarlos.

Los santos no perderán su vida

El pueblo de Dios no quedará libre de padecimientos; pero, aunque perseguido y acongojado, y aunque sufra privaciones y falta de alimento, no será abandonado para perecer.
Si la sangre de los fieles siervos de Cristo fuese entonces derramada, no sería ya, como la sangre de los mártires, semilla destinada a dar una cosecha para Dios.

Dios proveerá

Será entonces tiempo en que habremos de confiar por completo en Dios, y él nos sostendrá. Vi que nuestro pan y nuestras aguas nos estarán asegurados en aquel tiempo, y no sufriremos escasez ni hambre; porque Dios puede preparar mesa para nosotros en el desierto. Si fuese necesario, mandaría cuervos para que nos alimentaran, como alimentó a Elías, o haría bajar maná del cielo, como lo hizo en favor de los israelitas.

Sin intercesor, pero no desamparados

Si los hombres tuviesen la visión del Cielo, verían compañías de ángeles poderosos en fuerza estacionados en torno de los que han guardado la palabra de la paciencia de Cristo. Con ternura y simpatía, los ángeles han presenciado la angustia de ellos y han escuchado sus oraciones. Aguardan la orden de su jefe para arrancarlos de su peligro... El precioso Salvador nos enviará ayuda en el momento mismo en que la necesitemos.
A través del tiempo de angustia que se avecina –un tiempo de angustia como no lo hubo desde que existe nación–, el pueblo de Dios permanecerá inconmovible. Satanás y su ejército no podrán destruirlo, porque ángeles poderosos lo protegerán.

La batalla contra el yo

Mientras reine Satanás, tendremos que dominarnos a nosotros mismos y vencer los pecados que nos rodean; mientras dure la vida, no habrá un momento de descanso, un lugar al cual podamos llegar y decir: “Alcancé plenamente el blanco”. La santificación es el resultado de la obediencia prestada durante toda la vida.

Oración

“Señor, ayúdame a ser un fiel testigo de tu amor. Y que, con mis actiutdes en este gran conflicto, no me coloque fuera de tu santa protección.”







Autora: Ellen G. White
Extracto de: Eventos de los últimos días
Fuente: www.adventistas.org/10dias
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