El poder de la música sobre el cerebro

Esa canción que escuchas todos los días por la radio, que te persigue cuando vas de tiendas o pones la televisión, tiene secuestrado tu cerebro. Desde hace bastantes años la industria de la música ha encontrado la fórmula del éxito: cuantas más veces escuches una canción más probable es que te acabe gustando, y eso a pesar de que al principio te parezca el horror. De hecho, más de una vez te habrás sorprendido a ti mismo tarareando el último gran éxito de un cantante al que ni siquiera soportas. Pero, ¿cuál es el mecanismo por el que nuestro cerebro se vuelve cautivo de esta estrategia?
El equipo de Carlos Silva Pereira publicó un interesante estudio en el año 2011 en el que ponía a prueba este mecanismo. Aunque ya se habían realizado algunas investigaciones sobre el efecto de la familiaridad en los gustos musicales, Silva Pereira estudió por primera vez la actividad cerebral mientras analizaba la repetición y la sensación de placer. Primero estudió qué música gustaba a cada sujeto y qué áreas del cerebro se activaban durante la escucha y luego comparó los efectos de la música nueva con los de la música familiar. Y el resultado fue claro: la familiaridad es el factor clave para despertar la respuesta emocional en el cerebro, por encima de otras cuestiones como el estilo musical e incluso de los gustos de cada uno. Dicho de otra forma, tu cerebro siente más placer cuando reconoce una canción que cuando escucha una nueva del estilo que a ti te gusta.
El efecto es tan potente que Tom Barnes lo compara en un artículo con el "síndrome de Estocolmo", el término con el que se describe la simpatía que desarrolla algunas víctimas con sus secuestradores. Si estás suficiente tiempo expuesto a la canción, bromea, te terminará gustando a pesar de ser horrible. Los neurocientíficos prefieren llamarlo "efecto de mera exposición" y tiene que ver con el gusto de nuestro cerebro por el reconocimiento de patrones. Al cerebro le gusta encontrarse con cosas que ya conoce, y en algunas fases del desarrollo el fenómeno es casi enfermizo, por eso los niños pequeños no hacen más que ver una y otra vez la misma película de dibujos animados. La repetición, además, está intrínsecamente relacionada con el sentido musical, como ya explicamos en Neurolab con la ilusión auditiva de una frase repetida que parecía convertirse en música en nuestro cerebro.
Y el éxito de la canción del verano está también en el hecho de que no te la puedas sacar de la cabeza. Los anglosajones conocen este fenómeno con el descriptivo nombre de "earworms" (gusanos de oreja), un término que, según el neurocientífico Oliver Sacks, se empezó a utilizar en los 80. Los "earworms" son fragmentos de entre 30 y 45 segundos se música, a veces un solo estribillo, que uno no puede parar de repetir en su interior sin motivo aparente y que parecen parasitar el cerebro. Aunque en algunos casos se convierte en un problema serio, la inmensa mayoría los sufrimos sin mayores consecuencias. Aunque se desconoce cuál es el motivo último por el que se nos pega un estribillo o la melodía de una canción, está claro que se pueden despertar de la manera más simple, con una simple palabra o frase. 

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