"La comprensión de lo que la Escritura quiere decir, cuando nos urge a la necesidad de cultivar la fe, es más esencial que cualquier otro conocimiento a nuestro alcance".Obsérvese que se trata de la comprensión de lo que significa la Escritura en cuanto a "la necesidad de cultivar la fe" –no particularmente tener fe, sino cultivarla.
Las Escrituras no dicen mucho sobre nuestra necesidad de adquirir la fe, sin embargo, dicen muchísimo sobre nuestra necesidad de cultivarla.
La razón de ello es que a todo hombre se le da en principio la fe: todo cuanto necesita hacer es cultivarla. Nadie puede tener más fe que la que se le dio, sin cultivar la que ya posee. Y no hay nada que crezca más rápidamente que la fe, cuando se la cultiva –"porque va creciendo mucho vuestra fe".
La fe es esperar confiadamente que la palabra de Dios cumpla por ella misma lo que dice; y depender de "la palabra solamente" para su cumplimiento. Cultivar la dependencia de la palabra de Dios, que "la palabra solamente" cumpla lo dicho por ella, es cultivar la fe.
La fe "es don de Dios" (Efe. 2:8); y en las Escrituras está claro que se da a todos: "la medida de fe que Dios repartió a cada uno" (Rom. 12:3). Esa "medida de fe que Dios repartió a cada uno", es el capital con el que dota, de principio, "a todo hombre que viene a este mundo"; y se espera que todos negocien con ese capital, que lo cultiven, para salvación de su alma.
No hay el más mínimo riesgo de que el capital se reduzca al utilizarlo: tan pronto se lo use, se incrementará, "va creciendo mucho vuestra fe". Y tan ciertamente como crece, se conceden justicia, paz y gozo en el Señor, para salvación plena del alma.
La fe viene por la palabra de Dios. Por lo tanto, leemos que "cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe, la cual predicamos" (Rom. 10:8). De manera que la fe, la palabra de fe, está en la misma boca y corazón de todo hombre.
¿Cómo puede ser? Cuando la primera pareja pecó en el Edén, creyeron plenamente a Satanás; se entregaron totalmente a él; los tomó enteramente cautivos. Hubo entonces perfecta paz y acuerdo entre ellos y Satanás. Pero Dios no dejó así las cosas; quebró ese acuerdo, destruyó esa paz. Y lo hizo por su palabra, diciendo a Satanás: "Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya" (Gén. 3:15).
"Es Dios solamente quien puede poner enemistad continuamente entre la simiente de la mujer y la de la serpiente. Después de la transgresión del hombre, su naturaleza se depravó. Entonces había paz entre Satanás y el hombre caído. Si Dios no hubiera intervenido, el hombre habría formado una alianza contra el cielo; y en lugar de luchar entre ellos, los hombres habrían luchado contra Dios. No hay enemistad natural entre los ángeles caídos y los hombres caídos. Ambos son malvados, por su apostasía; y el mal, allá donde exista, se alistará siempre contra el bien. Los ángeles caídos y los hombres caídos se asocian en compañía. El astuto general de los ángeles caídos calculó que si lograba inducir a los hombres, como había hecho con los ángeles, a unirse a él en rebelión, vendrían a ser sus agentes de comunicación con el hombre, para alistarse en rebelión contra el cielo. Tan pronto como uno se separa de Dios, no tiene poder de enemistad contra Satanás. La enemistad que existe en la tierra entre Satanás y el hombre tiene origen sobrenatural. A menos que el poder convertidor de Dios sea traído diariamente al corazón humano, no habrá inclinación hacia lo religioso, sino que los hombres elegirán más bien ser cautivos de Satanás que hombres libres en Cristo. Digo que Dios pondrá enemistad. El hombre no puede ponerla. Cuando la voluntad es sometida en sujeción a la voluntad de Dios, lo será mediante la inclinación del corazón y voluntad del hombre del lado del Señor" (Unpublished Testimony).Esa enemistad contra Satanás, ese odio al mal que Dios pone en toda persona mediante su palabra, hace que toda alma clame por liberación; y tal liberación se encuentra solamente en Jesucristo (Rom. 7:14-25).
Así, esa palabra de Dios que siembra en cada alma la enemistad contra Satanás, ese odio al mal que clama por liberación –que sólo se encuentra en Jesús–, ese es el don de la fe al hombre. Esa es la "medida de fe" que Dios dio a todo hombre. Esa es "la palabra de fe" que está en la boca y el corazón de toda persona en el mundo.
"Esta es la palabra de fe, la cual predicamos: Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud" (Rom. 10:8-10).
Por lo tanto, no digas en tu corazón ‘¿Quién subirá al cielo, para traernos fe?’ Ni ‘¿Quién descenderá a lo bajo?’, o ‘¿Quién irá allá lejos, para encontrar fe, y traérnosla?’ Porque "cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe, la cual predicamos" (Deut. 30:11-14; Rom. 10:6-8).
Ejercita la fe que Dios te dio a ti, lo mismo que a cualquier otra persona en el mundo, ya que "saber cómo ejercitar la fe, eso es la ciencia del evangelio".
Review and Herald, 10 junio 1899
exelente tema. felicitaciones
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